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El calor y las personas mayores

Cuando llegan los días de calor, no todo el mundo los vive igual. Las personas mayores tienen una relación con las altas temperaturas que conviene entender bien, porque su cuerpo responde de forma diferente y los riesgos son reales aunque no siempre visibles.

No hace falta que el termómetro marque cifras extremas. A veces basta con unos días de calor sostenido para que una persona mayor empiece a acusar el efecto, sin que ella misma lo note.

Por qué el calor les afecta más

Con la edad, el cuerpo pierde parte de su capacidad para regular la temperatura. El mecanismo de la sudoración se vuelve menos eficiente, la sensación de sed disminuye —lo que facilita la deshidratación sin que haya una señal clara de alarma— y la circulación responde con más lentitud. A esto se suma que muchos medicamentos habituales en personas mayores pueden interferir con la regulación térmica o aumentar la pérdida de líquidos.

El resultado es que una situación que para un adulto joven es incómoda, para una persona mayor puede convertirse en un problema de salud serio en pocas horas.

Señales que hay que conocer

Un golpe de calor no siempre llega de forma evidente. Hay señales previas que conviene identificar a tiempo:

Sensación de mareo o debilidad inusual, piel seca y caliente, confusión o desorientación, dolor de cabeza persistente, náuseas, orina oscura o muy escasa.

Si aparecen estas señales, hay que actuar rápido: llevar a la persona a un lugar fresco, ofrecerle agua si está consciente y puede tragar, y contactar con los servicios sanitarios si la situación no mejora en pocos minutos.

Medidas concretas para protegerlas

La prevención es sencilla cuando se convierte en hábito. Algunas pautas que marcan la diferencia:

Ofrecer líquidos con frecuencia, sin esperar a que pidan. Ventilar bien los espacios durante la noche y mantenerlos frescos durante el día. Evitar salidas al exterior en las horas centrales. Ropa ligera y de colores claros. Prestar atención especial a quienes tienen movilidad reducida o pasan muchas horas en la misma posición.

Y algo que se pasa por alto: revisar con el médico si alguno de los medicamentos habituales puede aumentar el riesgo ante el calor.

El entorno importa

Vivir en un entorno con climatización adecuada, atención profesional y rutinas bien organizadas reduce considerablemente el riesgo. No porque el calor desaparezca, sino porque hay alguien pendiente, hay protocolos establecidos y la persona mayor no está sola ante una situación que puede escalar rápido.

En Ovida prestamos especial atención al bienestar de las personas durante los meses de verano. Si tienes dudas sobre cómo está viviendo el calor tu familiar o quieres saber más sobre nuestros servicios, puedes ponerte en contacto con nosotros.