El sol es fuente de vida, energía y bienestar. Pero también puede convertirse en un riesgo si no se toman las precauciones adecuadas, especialmente en las personas mayores. Con la llegada del buen tiempo, en Ovida reforzamos la importancia de proteger la piel frente a los efectos del sol, adaptando nuestros cuidados y rutinas para garantizar la seguridad y el confort de nuestros residentes.
Con el paso de los años, la piel se vuelve más fina, frágil y sensible. La capacidad natural de protegerse del daño solar disminuye, al igual que la producción de colágeno y melanina, lo que incrementa el riesgo de quemaduras, manchas, irritaciones o problemas más serios. Por eso, prestar atención a la exposición solar es mucho más que una cuestión estética: es una prioridad de salud.
En Ovida, integramos el uso de protección solar en las actividades al aire libre. Durante los paseos, actividades en los jardines o momentos de descanso en terrazas, recordamos la aplicación regular de crema solar de amplio espectro, con un factor de protección elevado. Además, recomendamos el uso de sombreros, gafas de sol, ropa ligera de manga larga y la búsqueda de zonas con sombra, especialmente en las horas centrales del día.
La hidratación también cumple un papel fundamental. El sol puede favorecer la deshidratación, por eso nos aseguramos de que siempre haya agua fresca disponible y que las actividades físicas se ajusten a los horarios más seguros y frescos.
Más allá de las medidas prácticas, también dedicamos tiempo a educar y acompañar. Hablamos con nuestros residentes sobre la importancia de cuidar la piel, de observarla y de consultar cualquier cambio o lesión sospechosa. Prevenir es cuidar, y cuidar es también acompañar.
El verano está para disfrutarlo. En Ovida trabajamos cada día para que así sea, creando entornos seguros donde el bienestar y la salud siempre van de la mano.


